La Regla de Hund – Los electrones también van en autobús

Igual que los humanos cuando nos subimos en un autobús, los electrones también tienen reglas y manías a la hora de escoger su sitio en el átomo. ¡Descubre cuáles en este artículo!

Los átomos están formados por dos partes principales: los núcleos, donde se encuentran los protones y los neutrones, y los orbitales, donde puedes encontrar a los diminutos electrones. Pero algo que tal vez no sabías es que estos electrones no se colocan en cualquier parte, sino que tienen manías y preferencias que se parecen mucho a las que tenemos los humanos cuando escogemos dónde sentarnos en un autobús.

Los pisos del autobús son los diferentes orbitales del átomo, las regiones donde pueden estar los electrones. Primero se llenarán los orbitales que requieran menos esfuerzo para el electrón, los orbitales con menos energía, exactamente igual que los pasajeros habituales del autobús. Pero, ¿qué es lo que hace que cada piso tenga una energía u otra?

  • La distancia al núcleo del átomo, o la altura a la que está el piso. Cuanto más bajo esté el piso, menos energía añadirá al total. Por ejemplo, el primer piso (n=1) tiene menos energía que el segundo (n=2) por este efecto. Cada piso tiene un nombre asignado: s (n=1), p (n=2), d (n=3), f (n=4), g (n=5). 
  • La forma del orbital, o el número de asientos del piso. En los átomos, la forma del orbital define cuánta energía de rotación tiene el electrón, ya que define como girará. Cuantos más pares de asientos disponibles haya en el piso, más grande tendrá que ser, y por tanto «más pereza» nos dará tener que buscar un sitio en él.

Así, la energía de cada piso se puede comparar sumando el número de pares de asientos del piso y la altura a la que está el piso. Un orbital tendrá más energía que otro si su (n+l) es más grande que el de otro orbital.

Representación de la forma de los orbitales de cada piso.
Fuente: elfisicoloco.blogspot.com
Orden de llenado de los pisos, siguiendo la línea serpenteante. Fuente: byjus.com

Un autobús con tapicería de ALSA llenándose por personas representadas por flechas

A los pobres electrones, al igual que los pasajeros del bus, no les queda otra que compartir asiento con otro. Pero hay un detalle muy importante: estos no se pueden colocar de la misma manera que el electrón que ya está en el orbital o, en nuestra analogía, que el pasajero que ya está sentado. Esto ocurre por el principio de exclusión de Pauli, que no permite que dos electrones puedan estar en el mismo estado cuántico.

Esto decir que los dos electrones no pueden tener las mismas propiedades y estar en el mismo lugar simultáneamente. No pueden ser lo mismo en el mismo sitio y, ya que están en la misma isleta de asientos, una de sus propiedades tiene que ser diferente a la del electrón que ya está sentado. 


El mismo autobús con tapicería de ALSA llenándose con los últimos pasajeros en entrar.

Ahora que entiendes como los electrones se colocan dentro del átomo, seguro que tienes curiosidad de ver un ejemplo real. Vamos a usar el oxígeno, que tiene 8 protones en su núcleo y 8 electrones en sus orbitales.

Los primeros electrones se quedan en el primer «piso», el orbital 1s. Uno se sienta con su ‘spin’ positivo (hacia arriba) y el otro con su ‘spin’ negativo (hacia abajo). En el segundo «piso», el orbital 2s, pasa exactamente lo mismo ya que hay la misma cantidad de asientos. Ya se han colocado 4 de los 8 electrones.

La forma de los 4 primeros orbitales de un átomo (1s, 2s, 2p, 3s). Los números representan el «piso» y la letra su forma. Fuente: chemistryfromscratch.org

Así que los 4 restantes suben al último piso, el orbital 2p. Los electrones se van colocando bien anchos y cómodos con su ‘spin’ positivo, hasta ocupar uno de los asientos de cada par. Cuando llega el último, no tiene más remedio que sentarse al lado de otro electrón y se coloca con su ‘spin’ negativo. Todos los electrones del oxígeno se han colocado de la manera que da más estabilidad al átomo o, lo que es lo mismo, han encontrado la configuración de menos energía.

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